Director: Rachid Bouchared
Segunda Guerra Mundial, 1943. El ejército francés recluta soldados entre los habitantes de sus colonias del norte de África; se trata de soldados musulmanes que se sienten franceses a pesar de no haber pisado nunca el suelo de Francia. Pero ahora la Patria les necesita para que den su vida luchando contra los nazis. Las diferencias culturales y las discriminaciones no tardarán en aparecer. Los “indígenas” del 7º Regimiento de Tiradores Argelinos lucharán en varios teatros de operaciones siempre en cabeza del ataque pero sin disfrutar de los permisos, del equipo, ni de la alimentación de sus compañeros de armas franceses.
El argumento se sustenta en la mirada de cuatro soldados argelinos y marroquíes: Saïd, Abdelkader, Messaoud y Yassir. Ellos se sienten franceses sin renunciar a su religión, a sus costumbres, ni a sus señas de identidad; pero ya que se juegan la vida igual que los demás, quieren recibir el mismo trato, la misma comida, las botas y los abrigos para la nieve, los ascensos y los permisos. En un momento de euforia, uno de ellos vivirá un romance con una francesa y tendrá la ilusión de que es igual que los franceses. Pero la realidad es otra: sus cartas son censuradas únicamente por tratarse de un indígena, no está bien visto que se relacione con una mujer francesa. El sargento de su pelotón (Martínez) mantiene en secreto que es árabe y se enfada mucho cuando uno de los argelinos que es su asistente le dice que lo sabe. Éste es un pecado imperdonable en el ejército francés.
En el apartado interpretativo, los protagonistas, todos de origen norteafricano, logran unas actuaciones estupendas y muy creíbles. No en vano los cinco protagonistas (Jamel Debbouze, Samy Nacéri, Roschdy Zem, Sami Bouajila y Bernard Blancan) obtuvieron en el Festival de Cannes el premio a la mejor interpretación masculina. Especialmente Jamel Debbouze en el papel de Saïd, a pesar de su minusvalía (tiene un brazo inútil). Asimismo Sami Bouajila como Abdelkader conforma un personaje muy completo y bien delimitado. El personaje algo más secundario de Bernard Blancan como el sargento Martínez juega un papel fundamental en la trama al mostrar la defensa de sus hombres ante el mando francés, más aún cuando se descubre que se trata de uno de ellos.
El cabo Abdelkader es un idealista que cree que puede ascender si se prepara; es el único del grupo con algo de formación y en todo momento intenta proteger a sus “hermanos”. Saïd es un bonachón analfabeto que se deja llevar, pero que sabe defenderse si se meten con él. Yassir y su hermano Larbi (Assaad Bouab) se han enrolado por el dinero para que éste último pueda casarse. Messaoud (Roschdy Zem) pasa de creer que puede integrarse en la sociedad francesa, a sufrir directamente la discriminación por ser árabe. En un momento de la película dirá: “aquí me respetan”, a lo que Saïd le contestará: “seguirás siendo un moro”.
La fotografía algo desaturada, muy en la línea de cintas recientes desde la magistral Salvar al soldado Ryan, como Hermanos de sangre y Cartas desde Iwo Jima, le confiere una vistosidad especial, quizá más real. Y precisamente al introducir imágenes de paisajes en blanco y negro cada vez que se cambia de escenario, la transición a la historia que muestra la cinta se hace menos brusca.
La ambientación cabe calificarla de sobresaliente tanto por los escenarios de exterior como por el resto de atrezzo de armas y uniformes. Especial mención merecen los atuendos de los marroquíes como el de uno de los protagonistas, Yassir, que lucen chilaba rallada con capucha junto con las Thompsons americanas.
Las escenas de acción también brillan con luz propia al utilizar los últimos avances en el campo de los efectos especiales. Vemos cómo los soldados tienen miedo en la lucha, se fatigan al correr y son sepultados por montones de tierra y cascotes que se desprenden de las explosiones.
La música tan sólo tiene dos o tres apariciones estelares con cánticos en árabe que nos recuerdan a la estupenda banda sonora de Black Hawk derribado.
Presenta algunas similitudes con Salvar al Soldado Ryan: la secuencia del cementerio plagado de tumbas de árabes en este caso, la misión final suicida que no contaré para no estropear el desenlace, y las dudas de los soldados sobre esta última misión incluído el amago de marcharse de uno de ellos (Yassir) tras la muerte de su hermano.
Me ha gustado ver que se muestra sin rodeos la rapiña tras el combate y cómo al principio de la cinta se les advierte “se permite el saqueo para comer, pero a las mujeres ni tocarlas… porque seréis fusilados”. El aspecto religioso aparece discretamente salpicando algunos momentos de máxima tensión en que los protagonistas recitan “proclamo que no hay más Diós que Alá…”.
Además del premio ya citado obtuvo los siguientes: Festival de Cannes, premio a los valores humanos. Seminci, premio del público.
Lo peor. Quizá el excesivo descaro con que los mandos franceses burlan las expectativas de integración de los musulmanes. Es verdad que la película denuncia una situación injusta, que se ve muy bien plasmada en la secuencia en que los fotógrafos militares estás tomando una foto donde dirán: “Miren aquí: los soldados franceses liberan Alsacia”, posando con los civiles sólo hay soldados “blancos” franceses, mientras que detrás de la cámara desfilan chilabas y turbantes. Y el Coronel que hace poco prometió reconocimiento por la sangre derramada, ahora pasa de largo mirando para otro lado y haciendo oídos sordos ante las demandas de Abdelkader.
La frase. Al principio de la película el veterano sargento Martínez le dice al inexperto cabo Abdelkader: “Si algo va mal, encended un cigarrillo y antes de que prenda habrá pasado”. Y sobre todo el alegato de Abdelkader sobre la integración “y aunque tengamos que pagar cien veces más que ellos, pagaremos”.
Concluyendo diré que se trata de una magnífica película que me ha sorprendido, ya que pasó fugazmente por las pantallas españolas. Un argumento contundente, un ritmo bien llevado, buenas actuaciones, la ambientación y la fotografía en su punto y una historia para recordar, la convierten en una de las mejores películas bélicas de los últimos años. Imprescindible.
Sesenta años después, el que fuera cabo Abdelkader sigue malviviendo en un suburbio de una ciudad francesa…




















