
Guerra serbo – bosnia, 1993. Una patrulla bosnia que se dirige al frente se pierde entre la niebla y la noche. Al amanecer se encuentran entre las dos líneas y son atacados por los serbios: todos mueren menos Ciki que, herido en el hombro, se refugia en una trinchera abandonada. Los serbios envían a dos hombres a investigar y tras una refriega con el bosnio muere uno y el otro, también herido en el costado, es hecho prisionero por el primero. A partir de ese momento los dos hombres colaboran, no sin tensión, para tratar de salir de allí vivos. Ambos bandos que los han visto avisan a UNPROFOR (llamados los pitufos por los combatientes) para que los rescate en un alto el fuego.
El argumento da para bastante aunque las interpretaciones no consiguen meter al espectador en situación. Quiero decir que se producen varias situaciones dramáticas que no convencen por la interpretación tanto del soldado bosnio como del serbio.
Se plantea una agria crítica a la actuación de las Naciones Unidas ya que se presenta a las tropas francesas como poco involucradas y más interesadas en aparecer como políticamente correctas que en resolver problemas. Sólo se salva la iniciativa individual de un sargento que poniendo en peligro su carrera militar y valiéndose de la prensa presiona a los mandos para que intervengan. Además, hay escenas donde el esperpento aparece vestido de coronel francés cuando llega en helicóptero acompañado por su secretaria (con minifalda, chaleco antibalas y casco azul) haciéndose cargo de la situación para acabar engañando a los periodistas y haciendo que la intervención de UNPROFOR no consiga mitigar el sufrimiento de las personas a las que se pretendía salvar.
Lo que más me ha gustado es ver a los combatientes como personas normales en algunas situaciones; la ambientación está bastante lograda y consigue captar bastante bien la atención del espectador.
Lo peor ha sido la incapacidad de los actores para transmitir el dramatismo de los momentos centrales de la cinta: el odio entre combatientes, la horrible situación del herido sobre la mina lista para estallar en cuanto se mueva, y el desenlace que no quiero revelar para quienes no la hayan visto.
Me quedaría con la siguiente frase: “la neutralidad no existe ante el asesinato. Si no lo impedimos, eso es tomar partido y ya no se es neutral”.
En resumen, una interesante película que nos ilustra sobre aspectos poco conocidos de los conflictos pero que falla a la hora que hacer que el espectador se meta en la misma. Vale la pena.