Archivo de Enero 2008

LA FIEL INFANTERÍA – 1.959

26 Enero 2008

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Guerra Civil Española, hacia 1937. El batallón Barleta (del bando nacional) es relevado del frente y se retira a descansar a la ciudad de que proceden una buena parte de sus efectivos, Atarbe. Allí muchos soldados se reunen con sus familias, novias y amigos disfrutando de unos días de tranquilidad y paz, mientras otros intentan acercarse a las chicas y divertirse. Inesperadamente y en secreto se da la orden de regresar al frente para participar en una operación de la División por lo que los soldados apenas tienen tiempo de despedirse. Se trata de una difícil misión: tomar Cerro Quemado.

El argumento se divide en tres partes. La primera es la más corta donde se nos muestra el sufrimiento en el frente, las privaciones, la muerte de compañeros y el cansancio. La segunda y más larga es la estancia de permiso en Atarbe donde los soldados disfrutan de la paz, las comodidades y la abundancia de la retaguardia, así como del cariño de sus familias. La tercera es el regreso al frente y el asalto a Cerro Quemado. Las dos primeras presentan un ritmo sosegado pero manteniendo el interés del espectador, mientras va creciendo en la tercera hasta alcanzar su punto culminante en la escena del asalto.

El hilo narrativo se basa en las andanzas de varios soldados, en sus historias personales y sus formas de ser. El soldado Poli (Toni Leblanc) es el típico caradura guasón que no se detiene ante nada. El Comandante Félix Goñi (Arturo Fernández) manda el Batallón y ha aplazado su boda al empezar la guerra; aprovechará este permiso para casarse. Andrés (Ismael Merlo) es un veterano profesor de Historia separado de su familia por la guerra que se enamora de la hermana de su mejor amigo Miguel (Laura Valenzuela). Jesús Puente es un retraído cabo que no se atreve a acercarse a las chicas y pide ayuda a Poli que le cede una de sus “novias por carta”. Y algunos más.

En esta película Pedro Lazaga nos muestra sus ideas de reconciliación. No se trata de una película más de propaganda del bando vencedor, sino de una cinta que no valora al otro bando; en ningún momento se habla de rojos ni de republicanos, sólo se menciona al enemigo. Y cuando por fin éste aparece en la escena final, es presentado sólo como otro ejército. Esta equidistancia y moderación se hace patente definitivamente en la dedicatoria final que reza: “A todos los españoles que hicieron esta guerra, estén donde estén, vivos o muertos. ¡Larga Paz!”.

En general todos los actores están bien en sus papeles aunque destaca Toni Leblanc en un papel simpático y entrañable. Laura Valenzuela resulta muy creíble en su interpretación de chica de retaguardia hermana y enamorada de soldado. Es justo destacar la actuación de  Arturo Fernández que llena su papel de Comandante y enamorado a la perfección. Después de Toni Leblanc el que más me ha gustado es Ismael Merlo que hace el papel más realista de todos.

La ambientación es perfecta: todo el atrezzo de armamento, uniformes y escenarios dan estupendamente con la época y la situación. Véase cómo los soldados acarrean toda clase de pertrechos y cómo suena el tintineo del plato contra el vaso y la cantimplora metálicos cuando avanzan. También están correctamente retratadas las relaciones dentro del ejército entre los diferentes escalafones del mando. Las escenas de acción muy bien ejecutadas y en la línea del cine americano de la época. La larga escena final del asalto a Cerro Quemado es magnífica, con bastantes extras, explosiones y tiros por doquier, y hasta lucha cuerpo a cuerpo además de unos planos generales bastante espectaculares.

Otras escenas destacables son la de la llegada del batallón a Atarbe desfilando al son de “Soldadito español” y cuando el Bon avanza hacia el frente y se cruzan con mulas cargadas con cadáveres ante lo que el Comandante da orden de cantar para mantener la moral. Sobre todo esta última es de un gran realismo.

Lo que más me ha gustado de la película ha sido la escena del asalto a Cerro Quemado; una escena larga, perfectamente ejecutada y sin nada que envidiar a otras similares del cine norteamericano.

Lo peor quizá el engañoso retrato que se hace de la retaguardia, presentándola como en la normalidad más absoluta cuando resulta que en ella había casi tantas privaciones y penalidades como en el mismo frente.

Resumiendo, se trata de una película interesante por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Es bastante entretenida alejándose de las típicas producciones de propaganda donde se realzan el heroismo, la patria y la religión, y se demoniza al otro bando. Recomendable.

EL GRAN DICTADOR (The great dictator) – 1.940

18 Enero 2008

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Un barbero judío de Tomania lucha en la I Guerra Mundial donde salva la vida a un alto oficial llamado Schulz, resultando herido y teniendo que permanecer hospilatizado durante muchos años. Sufre amnesia por lo que ha sido ajeno durante todo ese tiempo a los cambios políticos que han transformado al país: el Partido de la doble X está en el poder y su líder es Adenoid Hynkel, un dictador autoritario que proclama la superioridad de la raza aria y culpa a los judíos de la crisis que sufre el país. El barbero, que tiene un enorme parecido con el dictador, regresa a su casa situada ahora en el gueto judío y se enfrenta varias veces a las fuerzas de asalto del Partido, siendo protegido al principio por Schulz y detenidos ambos más tarde. Logra escapar y es confundido con el dictador.

Se trata de una crítica brutal, incisiva y a la vez sutíl y descanada de los regímenes fascistas en auge a principios del siglo XX en Europa, todo ello relatado en clave de comedia. Cuenta dos historias paralelas que únicamente se cruzan al final: la primera relata la vida del barbero en la I GM, su salida del hospital y posterior regreso al barrio convertido en gueto. En la segunda vemos al dictador de Tomania, un ser egocéntrico cargado de inseguridades y complejos que gobierna con puño de acero, aunque con grandes dudas pero sin titubear ante las más salvajes decisiones. Ambos personajes están magistralmente interpretados por Charles Chaplin, sobre todo el del dictador Hynkel en una deslumbrante parodia de Adolf Hitler así como de la ideogía del Nazismo.

Aparecen otros personajes que grotescamente caricaturizan a algunos jerarcas nazis como Garbitsch (Goebbels) y Herring (Goering), y a otros dictadores como Benzino Napaloni (Benito Mussolini) que aparecen ridiculizados. De entre todas, la interpretación más lograda es la de este último que le valió a Jack Oakie la nominación al Óscar como mejor actor secundario.

La película mantiene un ritmo bastante vivo alternando escenas con mucho movimiento en que se nos muestra la frenética activiadad del dictador, con otras de la vida más tranquila del barbero y sus vecinos en el gueto, cuando no son molestados por las fuerzas de asalto.

La ambientación no requiere en este caso un esfuerzo especial ya que se trata de una película coetánea a la época que se narra, si bien hay que destacar que hasta las armas son caricaturizadas en esta cinta. Véanse el cañón antiaéreo del principio así como el gran cañón del que el barbero es servidor: presentan un aspecto irreal, superlimpios y más parecen de juguete. Por supuesto que este detalle no se le escapó a Chaplin ya que todos los demás están muy cuidados, lo que nos lleva a pensar que es éste el efecto que buscaba.

Hay que tener en cuenta que la película es de 1.940 cuando aún el nazismo no había dado de sí todo lo que posteriormente iba a dar. Sin embargo Chaplin es capaz de captar, anticipándose, algunas de las actitudes y comportamientos de la brutalidad nazi; si bien, por ejemplo los campos de concentración aparecen como lugares semihumanos y con una vigilancia muy ligera, nada más alejado de la realidad como descubrirá horrorizada la Humanidad a medida que se iba liberando Europa.

La película está plagada de escenas magistrales por lo que entraña cierta dificultad elegir algunas que puedan destacar. A mí me gusta especialmente la de Hynkel y Napaloni situándose el uno por encima del otro en los sillones de la barbería de la Cancillería, y la anterior en que Garbitsch le garantiza al Dictador que cuando llegue Napaloni no tendrá más remedio que situarse en un plano inferior por la grandiosidad del despacho, la pequeñez de la silla y la posición del busto encima de la mesa. Pero hay otras también sobresalientes como cuando Hynkel está dictando a la secretaria y ésta escribe muy poco cuando él habla mucho y viceversa. O aquella en que el barbero judío afeita a un cliente al ritmo de una danza húngara de Brahms. La escena en que el Dictador juega con el globo terráqueo que acaba explotándole también es magnífica pero resulta ya algo manida. Por último destacar la secuencia en que Hynker arranca todas las medallas a Herring, incluso los botones terminando éste en paños menores.

Lo mejor de la película, además de la escena ya citada de la posición más alta en los sillones de la barbería, es la final en que el barbero, confundido con el Dictador, hace un discurso estupendo de denuncia de los totalitarismos así como de las ideologías que los sustentan. En este alegato final Chaplin deja de actuar para ser él mismo, abandona al personaje y aprovecha que se trata de su primera película hablada para expresarse.

Lo peor casi nada, pero creo que sobra la historia de amor entre el barbero y Hannah. Parece que se trata de un intento por equilibrar las dos historias donde claramente tiene mucho más peso la de Hynkel.

La anécdota: el idioma que habla Adenoid Hynkel no es alemán sino una serie de sonidos guturales con entonación parecida a la alemana inventados por Chaplin. Una genialidad.

La frase. Cuando el comandante Schulz se encuentra con el barbero en el gueto el dice: “Hubiese jurado que eras ario”, a lo que Chaplin le responde: “¿Ario?, no, sagitario”. Pero la más destacable aparece en el discurso final cuando Chaplin dice: “Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo”.

En resumen, se trata de una obra maestra que aúna crítica política e ideológica con comedia de una forma genial y, en muchos aspectos, es capaz de adelantarse a los propios acontecimientos históricos. Su visionado es imprescindible.

REDACTED – 2007

6 Enero 2008

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Afueras de Bagdad (Irak), 2.006. Una escuadra de soldados norteamericanos realiza el trabajo rutinario y aburrido de mantener un punto de control registrando coches y transeuntes. Uno de sus miembros graba con su cámara la vida cotidaiana del grupo para presentarlo a la Escuela de Cine cuando vuelva a casa. Desde este punto de vista vemos el día a día del punto de control, cómo patrullan reconociendo las zonas asignadas y cómo muere un sargento alcanzado por una bomba trampa. Una noche, algunos soldados del grupo deciden volver a una casa donde vive una estudiante de 15 años que pasa a diario por el control. Ya han registrado la casa durante el día sin encontrar nada y han detenido al padre. Su intención es violarla encontrando la oposición de algunos miembros del grupo. Esta acción también es grabada por el aprendiz de reportero.

El argumento se basa en los hechos reales que ocurrieron en la zona donde se desarrolla la acción. La película está rodada en tono de cámara subjetiva y, a veces, cámara oculta con aire documental, consiguiendo un gran realismo ya que intercala imágenes reales que no se diferencian de las rodadas para el film. El tema es prácticamente clavado al de “Corazones de hierro”, del mismo realizador Brian de Palma, aunque aquella vez se trataba de la guerra de Vietnam.

Los actores son todos desconocidos, lo que no impide que realicen unos trabajos totalmente creíbles. No hay un protagonista claro, más bien es el grupo el que asume ese papel.

La cinta retrata muy bien lo que puede ser el ambiente y las motivaciones de los soldados norteamericanos en y frente a la invasión de Irak. Podemos observar cómo la disciplina, aunque cumpla su papel fundamental en las acciones militares, no es capaz de detener los más bajos instintos de algunos soldados que pretenden disfrazar sus viles actos con la venganza de camaradas caídos.

Los formatos tan dispares que se emplean en la narración confieren un interés especial a esta película que parece hecha como si fuera un collage de informaciones procedentes de muy distintos medios: vídeo casero, cámaras de seguridad, noticiarios de TV, videoblogs de Internet, etc.

Se trata de una película muy impactante tanto por los sucesos como por la dureza de algunas imágenes reales que se muestran. Llaman la atención las palabras del padre a su hijo, el soldado que ha sido incapaz de detener a los asesinos cuando éste le pide consejo sobre si denunciarlos: “no necesitamos otro Abu-Ghraib” en clara referencia a que lo deje correr dándole a entender que no beneficiaría a nadie.

Me ha gustado mucho la escena final en que el soldado McCoy en su fiesta de regreso relata a sus amigos la realidad de lo que ha vivido en la guerra, y termina diciendo: “tengo demasiados recuerdos y no sé cómo voy a vivir con ellos”.

Lo peor del filme puede ser su tono maniqueo ya que nos presenta sólo dos realidades: la blanca y la negra. Las grabaciones procedentes de Internet y los relatos de los Blogs sólo abundan en lo ya contado pues toda la trama ha quedado perfectamente expuesta sin ellos.

En resumen, una buena película de denuncia con escalofriantes imágenes reales de los daños colaterales producidos por los soldados norteamericanos en Irak. Se trata más de una película documental que de un film bélico al uso. Recomendable.