Director: Bernhard Wicki
Un pequeño pueblo alemán, finales de abril de 1.945. Un grupo de adolescentes de 17 años es llamado a filas. La misma noche de su incorporación su batallón es enviado a tapar una brecha por la que penetran los americanos. Los siete chicos son dejados en la retaguardia mandados por un veterano sargento con la excusa de defender el puente de su pueblo. El puente no tiene ningún valor estratégico ya que los aliados han establecido una cabeza de puente en otro lugar y, además, va a ser volado por los alemanes. En un altercado con la policía militar el sargento resulta muerto y los chicos se encuentran solos. Lucharán y se sacrificarán valiente e inútilmente para defender el puente.
El argumento presenta una solidez exquisita. En la primera parte de la película se nos presenta a los personajes en su vida cotidiana marcada por la guerra. Se aprecian las distintas procedencias sociales de los chicos así como su diferente manera de afrontar la situación cuando son llamados a filas. Todos ellos se muestran deseosos y excitados ante la posibilidad de defender su patria. La segunda parte de la película empieza con su llegada al cuartel donde comprobamos su inexperiencia en todo lo relacionado con la milicia. La movilización del Batallón los pillará por sorpresa en su primera noche como soldados. El capitán de su compañía, por sugerencia del profesor de los chicos, solicita al Comandante dejarlos en la retaguardia a defender el puente del pueblo, cerca de sus casas. Los pone al mando de un veterano sargento que tiene orden de no exponerlos. Pero los acontecimientos acaban por precipitarse terminando en tragedia.
Las escenas finales de la defensa del puente son magníficas en varios aspectos: en primer lugar porque las tomas están realizadas desde el lado alemán, desde sus trincheras o desde muy cerca de ellas. También me ha gustado el realismo de las reacciones de los chicos: miedo, valor, desesperación al ver caer a sus compañeros. Y las secuencias de acción, los disparos, las explosiones y demás efectos son notables para la edad de la cinta. La única toma desde el lado americano es la del francotirador que abate al chico de la atalaya del árbol; por cierto, con un magnífico efecto de mostrar reflejada en la mira la imagen del chico.
Las interpretaciones están más que correctas tanto en los personajes principales como en los secundarios. Todos los chicos interpretan perfectamente sus papeles cuando están con pantalón corto y después cuando visten el uniforme. El sargento, el capitán, el profesor, las madres, todos logran un realismo que nos recuerda al Neorrealismo italiano.
La ambientación es suficiente teniendo en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto realizada pocos años después de haber sido arrasado el país por la guerra. El único fallo que he detectado son los presuntos Shermans que son demasiado anchos y bajos para el perfil que se pretende. El hecho de estar rodada en blanco y negro le confiere un toque de realismo más que se suma a todo lo anterior.
Me ha gustado la película en general aunque especialmente las escenas del combate final. Están muy bien rodadas y mantienen estupendamente la tensión dramática.
El punto flojo quizá sea la escasa preocupación que muestra la población alemana ante su inminente derrota. La escena de la estación en que el empleado llama para averiguar si el bombardeo afecta a una de sus líneas creo que podría sobrar salvo por la secuencia de la historia de amor de los chicos.
Las frases. En la magnífica escena en que el profesor acude a pedir al capitán de la compañía de los chicos que no los exponga, éste último dice: “He estado hablando con esos muchachos; tienen un ideal, piensan que han venido a luchar por el triunfo de ese ideal: quieren salvar a la Patria. Lo que usted les ha enseñado…”. Cuando están haciendo instrucción en el patio del cuartel, el sargento instructor se dirige al sargento de su grupo: “Hay que enseñarles a no retroceder nunca, ¿a quién se le ha ocurrido eso?”.
Se trata de una gran película, con un argumento sólido que se expone con vigor narrativo, manteniendo el ritmo que se acelera en el último tercio de la cinta. Una de las grandes. Imprescindible.



