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LA COLINA DE LOS DIABLOS DE ACERO (Men in war) – 1.957

21 noviembre, 2007

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Corea, septiembre de 1.950. Un pelotón nortemericano ha perdido contacto con su unidad; se encuentra rodeado y no logra comunicar con su Cuartel General. Tienen orden de retirarse hasta la colina 465 para reunirse allí con su División. Sus vehículos han sido destruidos o están averiados por lo que se ven obligados a cargar con las municiones, las armas pesadas y demás pertrechos. De pronto aparece un Jeep con un sargento y un Corenel de otra unidad que van huyendo. El Coronel se encuentra paralizado y ausente debido a una explosión y el sargento Montana (Aldo Ray) cuida de él. El Teniente del pelotón (Robert Ryan) le pide que les permita usar el Jeep para transportar todo el material, pero el sargento se niega teniendo que hacer uso de la fuerza y de toda su autoridad como superior para arrebatárselo. En medio de un enfrentamiento personal entre el Teniente y el sargento, continúan su marcha pasando serias dificultades hasta llegar a la colina.

La trama argumental se sustenta en el estudio psicológico de los personajes principales y de algunos de los secundarios. Aunque la acción es escasa salvo en los últimos quince minutos, la película logra mantener perfectamente la atención del espectador a través de la tensión dramática de los personajes. El enemigo coreano está permanentemente presente aunque no lo vemos, sólo aparece en contadas ocasiones.

El personaje del sargento Montana es, sin duda, el que más profundidad presenta además de ser también el primer protagonista; se trata de un veterano y aguerrido sargento cuya experiencia salva al pelotón en varias ocasiones. Esta circunstancia es reconocida por sus compañeros aunque constantemente cuestionada por el Teniente que desconfía de él, temiendo que les traicione en cualquier momento. Aldo Ray borda el papel haciéndolo muy creíble y sin contradicciones.

Aunque pueda parecer que el protagonista es la estrella de la película, Robert Ryan en el papel de Teniente Benson, mantengo lo dicho más arriba: el protagonista es Aldo Ray. Robert Ryan también hace un trabajo bastante bueno, quizá uno de los mejores de su carrera. Pero el papel que se presta más al lucimiento es el del sargento. El personaje del teniente es prácticamente plano y creo que se le saca todo lo posible.

De los demás personajes menores quisiera destacar únicamente a Robert Keith como el Coronel. Es muy difícil interpretar un papel sin diálogos y expresar tanto sin abrir la boca, sólo a través de la cara. Ver algunos fotogramas en la sección correspondiente.

La película tiene una fotografía extraordinaria que nos muestra primeros planos magníficos sobre el miedo y el agotamiento; también de los efectos del combate en el ser humano. Véanse las primeras secuencias de los rostros de algunos soldados y, sobre todo, cómo se detiene la cámara en la cara del Coronel paralizado. El blanco y negro junto con lo reducido del objetivo, que en escasísimas ocasiones muestra planos generales, dotan a la cinta de un visión muy parcial de lo que ocurre, como en la realidad misma en que cada soldado sólo puede ver su alrededor más cercano.

La ambientación es correcta teniendo en cuenta que aparece poco material, pocos actores y los escenarios son simplemente el campo abierto y una colina cualquiera. Recordemos que está rodada pocos años después de finalizar la guerra de Corea y una vez más vemos la muerte dulce (sin sangre) en una película de finales del los cincuenta, aunque esta característica seguirá apareciendo hasta bastante tiempo después.

El ritmo es pausado a la vez que constante manteniendo la atención de la butaca bien por las acciones, bien por los enfrentamientos entre los dos protagonistas.

Me ha gustado especialmente, junto con la fotografía, la escena en que el pelotón tiene que atravesar una barrera de fuego de la artillería coreana. El espectador es llevado de la mano por Anthony Mann hasta el otro lado de la barrera. Estamos esperando que alguna de las bombas alcance a los soldados que van cruzando en grupos de dos o de tres hasta que cuando ya parece que todos se han salvado, caen dos de ellos en el momento más inesperado.

La escena del asalto a la colina no está mal del todo, aunque muchos de los soldados caen de la forma más tonta e innecesaria.

La escena final en que el Teniente va leyendo los nombres de los caídos para condecorarlos nos recuerda, salvando las distancias, el final de Objetivo Birmania cuando Errol Flynn entrega las chapas de identificación de los muertos al Coronel, aunque es mucho menos emotiva.

Lo peor de la película es que cuando parece que se va a ir presentando a más personajes profundizando en ellos, inexplicablemente la cinta da un giro para centrarse únicamente en los dos protagonistas, ignorando y casi haciendo invisibles a los demás personajes.

La frase. El Teniente al sargento después de haber sido salvados una vez más por el segundo: “Tenía razón Montana, Ud. siempre la tiene”.

Resumiendo, se trata de una buena película, con un ritmo vivo y sostenido, y unos personajes principales bastante profundos muy bien llevados por sus intérpretes. Muy interesante.


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