ROMA, CIUDAD ABIERTA (Roma, città aperta) – 1.945

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La ciudad de Roma está ocupada por los alemanes, es 1.944. La Gestapo pone el máximo interés en capturar al jefe de la Resistencia local o Comité Nacional de Liberación, el ingeniero Manfredi; éste consigue escabullirse cuando van a detenerlo y se refugia en casa de otro compañero de la Resistencia, Francesco, que va a casarse al día siguiente con una viuda, Doña Pina. El párroco del barrio, Don Pietro, colabora con la Resistencia haciendo de enlace, proporcionando documentos falsos y ayudando a esconder a sus miembros. A su vez, lo niños del barrio realizan por su cuenta algunas acciones de sabotaje contra los alemanes. En una redada en el edificio donde se encuentran, es detenido Francesco y cuando Pina intenta evitarlo es asesinada por los alemanes. Más tarde todos los arrestados serán liberados por un golpe de mano de la Resistencia. Manfredi y Francesco acuden a Marina, antigua novia del ingeniero, que los aloja en su casa y después los delata. Serán capturados cuando se han reunido con Don Pietro para que éste los esconda en un convento.

No me corresponde a mí hablar sobre el Neorrealismo italiano del que tanto se ha escrito por plumas mucho más cualificadas que la mía; pero sería un error no referirme al mismo dada la enorme trascendencia de que los escenarios en que se desarrolla la inmensa mayoría de la acción sean auténticos. Esto junto con la enorme crudeza de las escenas logra que el director Roberto Rossellini acerque el cine al espectador haciendo que parezca la propia realidad, la misma vida.

Toda la acción transcurre en sólo tres días que son intensísimos. Al principio se nos da cuenta de las dificultades que sufre la población en forma de escasez de alimentos. Hay toque de queda desde la cinco de la tarde aunque se permita circular a los médicos y a los sacerdotes. También se nos muestran escenas de la vida cotidiana donde aparecen los hijos, los vecinos, el policía del barrio (brigadier), el párroco y el sacristán, y todos pasando necesidad. Al día siguiente se va celebrar la boda de Pina y Francesco, van a tener un hijo. En el segundo día se produce la gran redada donde captuan a Francesco, muere Pina, son liberados por la Resistencia y se refugian en casa de Marina. El tercer día es cuando son arrestados y llevados a los calabozos de la Gestapo.

Las actuaciones son tan naturales que parece que los actores no están actuando. En el reparto Rossellini contó con actores profesionales y con otros que jamás se habían puesto delante de una cámara; hay que reconocer que el resultado es magnífico. La cinta tiene un aire semidocumental o de imágenes reales en algunos momentos que la hacen totalmente realista y creíble. Hay que destacar el papel de Doña Pina interpretado magistralmente por Anna Magnani. La famosísima secuencia del forcejeo con los soldados alemanes poco antes de morir es espeluznante. Don Pietro, el párroco, muy bien llevado por Aldo Fabrizi destaca por su serenidad en la interpretación. Se me pone un nudo en la garganta cada vez que veo la secuencia en que el sacerdote que lo asiste en sus últimos momentos le dice: “Tenga valor Don Pietro”, a lo que él contesta: “No es difícil morir bien. Lo difícil es vivir bien”.

Se podrían llenar muchas líneas hablando de los personajes; yo sólo me ocuparé brevemente de los principales:

Ingeniero Manfredi: simboliza el patriotismo sereno y seguro de la victoria final; sabe que no cederá ante la tortura, o eso cree.

Doña Pina: es una viuda con varios hijos que alimentar que sobrevive dignamente a las penurias y privaciones de la guerra.

Don Pietro: el cura comprometido con la razón pero sin odio. Aunque ayuda a la Resistencia intenta minimizar el sufrimiento de sus feligreses. Véase la escena en que corre a evitar que uno de los chicos (Remoletto) ataque a los alemanes y fascistas en el momento de la redada del edificio de Pina.

Marina: exnovia del ingeniero Manfredi. Se prostituye física y moralmente para mantener su nivel de vida. Aunque está enamorada de Manfredi acabará por delatarlo cayendo en su infierno particular de drogas en forma de tranquilizantes.

Mayor Bergmann: es el jefe de la Gestapo en Roma. Aparece como un oficial afeminado que maneja los hilos con maestría desde su despacho. Piensa que las razas inferiores acaban derrumbándose ante las torturas.

Lo que más me ha gustado de la película es la escena en que Pina yace muerta y su hijo la abraza llorando siendo apartado rápidamente por Don Pietro y el brigadier. También ha pasado a la historia del cine la imagen del cura atado a la silla con el pelotón de fusilamiento fascista tras él.

Lo peor de la cinta me parece la actuación de Harry Feist en el papel del Mayor Bergmann: creo que no transmite suficientemente bien el sadismo que representa. Además el amaneramiento choca bastante en un régimen donde los homosexuales eran perseguidos y eliminados.

La anécdota: fijaos en el brillo tan extraordinario de los cascos tanto de los alemanes como de los fascistas italianos.

La frase: Francesco a Pina el día antes de su boda que nunca llega a celebrarse: “No debemos tener miedo…nosotros luchamos por algo que tiene que llegar, que es imposible que no llegue… por eso no debes tener miedo, Pina”.

Concluyendo, una obra maestra del cine con un enorme valor histórico, y cuyo realismo llegó más allá de donde hasta el momento se había llegado. Obligatoria.

P.D. He puesto un par de fotogramas en la página correspondientes.

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2 Comments

  1. Buenas

    De acuerdo en líneas generales con tu comentario, aunque a mi personalmente las actuaciones no me parecieron tan memorables (exceptuando la Magnani, soberbia como siempre). Efectivamente, creo que el peor error de la película es el pestereotipo del nazi malo malísimo y además maricón. Prefiero ese término a afeminado porque creo que es el que intenta transmitir la película, el de que los alemanes además de ser unos sádicos eran unos degenerados. Pero eso era lo que vendía en el 45.

    Otra cosa que no me gusta mucho de la película es el retrato tan benevolente de los propios italianos como si no hubieran sido aliados de los alemanes y nno hubierna nunca roto un plato. Los fascistas italianos parece que son de otra nacionalidad (si me apuras hasta de otro planeta). Y desgraciadamente, los italianos mientras iban ganando no cuestionaron el fascismo. De hecho, Italia fue fascista antes que el nazismo llegara a Alemania. Un poco de autocrítica no habría venido mal.

    Un saludo

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  2. Reisman:

    De acuerdo en lo referente a los fascistas italianos; es algo parecido a lo que se encontraban los aliados al entrar en Alemania: que nadie era ni había sido nazi. Pero lo cierto es que ambos pueblos sustentaron dichos poderes totalitarios o al menos los soportaron mientras les fue razonablemente bien con ellos.

    Gracias por el comentario. Un saludo

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