OBJETIVO BIRMANIA (Objective Burma!) – 1.945

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II Guerra Mundial, frente del Pacífico, 1.944, Birmania ocupada por los japoneses. Dos pelotones de paracaidistas americanos al mando del Capitán Nelson son lanzados tras las líneas japonesas con el objetivo de localizar y destruir una estación de radar que las fuerzas aéreas no han conseguido descubrir. Son acompañados por un afamado periodista que contará al público norteamericano la operación de primera mano. Cuando han cumplido la misión tienen serias dificultades para ser evacuados viéndose obligados a combatir por sus vidas y a realizar una larga caminata acechados constantemente por el enemigo.

Ésta es una de las grandes. Objetivo Birmania marcó un antes y un después en el cine bélico. Fue rodada en 1.945 una vez terminada la guerra y ya sin la imperiosa necesidad de servir como propaganda. La maravillosa fotografía de James Wong Howe convierte un parque de Holliwood en la jungla birmana. También el hecho de estar rodada en blanco y negro contribuye a esa credibilidad de los escenarios y al realismo de la producción.

La película comienza con una magnífica presentación documental con imágenes reales que nos sitúa temporal y espacialmente de forma muy adecuada. Se seguirán intercalando imágenes documentales a lo largo de todo el filme manteniendo la tónica de las películas de la época y quedando perfectamente integradas en la cinta aunque se note su peor calidad.

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Además de lo ya apuntado, incidiré en la estupenda ambientación que presenta; lógicamente está rodada justo en el momento de la guerra por lo que los uniformes, armamento y vehículos no es que estén bien, sino que son auténticos.

El hilo argumental es simple pero contundente y el espectador puede seguirlo sin esfuerzo: al comienzo de la película se presenta con todo lujo de detalles la misión, y las dificultades irán apareciendo a medida que avanza el metraje.

Las escenas de acción son bastante buenas y están perfectamente dosificadas ya que prácticamente son sólo tres: la del ataque a la estación de radar, la de la defensa del poblado donde fue encontrado el segundo pelotón y la defensa de la colina del final. Señalar que como en la mayoría de las películas de la época no hay escenas duras de heridas ni mutilaciones, y las muertes son dulces, sin sangre.

En lo referente al reparto, salvo Errol Flynn, los demás son actores prácticamente desconocidos o que aparecerán como secundarios a partir de ese momento. Debo destacar la interpretación de Errol Flynn como una de las más memorables de la historia del cine no sólo bélico. Aparece muy convincente en su papel de oficial responsable y preocupado en todo momento por sus hombres, y mantiene el nivel hasta el final de la película. El resto de los personajes, que nos ha sido presentado muy hábilmente a través de la mirada del corresponsal e intercalando secuencias cortas en la primera parte de la cinta antes de comenzar la misión, está correcto mostrándonos adecuadamente el sufrimiento de los soldados y su lucha por sobrevivir. Se introducen algunos toques de humor muy americano y muy de la época, que nos cuesta entender y que sin duda pueden ser el único punto débil del filme.

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Lo que más me ha gustado ha sido sin duda la fotografía en B/N junto con la escena de la defensa de la colina del final, aunque sea poco creíble que se realice con tan pocas bajas y con tanta facilidad.

Lo único que apenas puede ensombrecer la cinta es la escasa calidad de algunos diálogos en tono humorístico como mencioné más arriba: son algo tontorrones e inocentes. P.e. cuando el propio Capitán Nelson intenta animar a un soldado que tiembla de miedo y le dice algo así como que él se autoamenazó con pegarse un tiro si volvía a tener miedo: absurdo.

Frases: cuando encuentran al Teniente Jacobs con vida y a los demás torturados y asesinados, Nelson dice tras verlo morir: “nadie sabrá que fuiste un cobarde”. Cuando encuentran muerto al reportero Williams, el capitán Nelson dice: “a partir de ahora, cada vez que caiga un periódico en mis manos, sabré lo que compro por unos céntimos”. Al final, cuando se unen a las tropas de invasión Nelson le dice al Coronel: “Aquí está el precio, no mucho que digamos, un puñado de americanos”.

Resumiendo, una obra maestra del cine bélico entendiéndola siempre en su contexto espacio-temporal, y con un ritmo trepidante que apenas decae un par de veces en las más de dos horas que dura la cinta.

P.D. Podéis ver un par de fotogramas en la página correspondiente.