LAS ÁGUILAS AZULES – The blue Max (1969)

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Director: John Guillermin

I Guerra Mundial, frente Occidental, bando alemán. El cabo Bruno Stachel (George Peppard) sirve en infantería desde donde admira cómo la aviación interviene en los combates con menos penuria que ellos a ras de suelo. Se alista en aviación donde todos los pilotos provienen de familias aristocráticas contrastando con su origen humilde. Al incorporarse a su escuadrilla estas diferencias se harán más patentes marcando su forma de actuar fría y despiadada. Su ambición es conseguir la máxima condecoración de la aviación alemana, el Max azul o Cruz Pour Lè Mèrite, que se obtiene con veinte victorias (aviones derribados). Su desencuentro con los demás pilotos, especialmente con Willi (Jeremy Kemp), hará que rivalice con él hasta ir consiguiendo victorias. Debido a su origen humilde, el General Von Klugermann (James Mason) lo utilizará para la propaganda de guerra dándole al pueblo un héroe más cercano que el Barón Rojo (Von Richtoffen), que también es un noble. La lucha por las victorias y por conseguir los favores de una bellísima Úrsula Andress interpretando a la esposa del General, llevará a los dos pilotos a un duelo moral y de combate de consecuencias impredecibles.

Como otras muchas veces el título de la película en España no tiene nada que ver con el original que es ni más ni menos que el nombre de la condecoración que el protagonista quiere conseguir.

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Las más de dos horas y media de la cinta no logran el aburrimiento del espectador ya que el ritmo bien sostenido, excepto en las escenas amorosas, conquista su atención en todo momento.

Las interpretaciones más destacables son las de Peppard y Andress aún sin llegar a ser magistrales. También James Mason, una vez más vistiendo el uniforme de General alemán, hace honor a su renombre de gran actor. Me ha gustado especialmente el papel de Willi como el As de la aviación aristocrático que desdeña todo lo inferior a su categoría. Esto se plasma cuando Stachel le lleva la botella de champán “… creo que no tenemos los mismos gustos…”

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La ambientación está muy lograda en cuanto a uniformes, armamento, vehículos y aviones; además, la fotografía consigue resaltar poderosamente estos aspectos. Los combates aéreos consiguen fijar la atención del espectador por su realismo y vertiginosidad.

En cuanto a las similitudes que podría tener con otras películas del género como la magnífica La Cruz de Hierro, ciertamente podría establecerse algún paralelismo en cuanto a que, en ambas, uno de los personajes principales busca desesperadamente la máxima condecoración; pero nada más, pues se trata de personajes opuestos en cuanto que uno es valeroso y el otro un cobarde, uno es un aristócrata y el otro un plebeyo y, lo más importante, los medios utilizados por uno y otro son completamente opuestos: por un lado la falsedad y el oportunismo robando el honor a un muerto; por el otro, combatiendo valerosamente.

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Lo mejor. La magnífica fotografía unida a una ambientación excepcional.

Lo peor. La sangre de color rojo tomate que aparece en varias escenas.

La frase. En la primera fiesta, tras el derribo del avión de observación inglés en circunstancias extrañas por Stachel, éste contesta ante la afirmación de que ha impresionado al General: “El favor de los poderosos es siempre fructífero”.

Resumiendo, una buena película, muy visual, con ritmo e interpretaciones interesantes. Recomendable.

Regresamos…

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Hace casi seis años que publiqué la última crítica en este Blog, que sigue aumentando en número de visitas y en elogios, que os agradezco. Siempre he intentado realizar un trabajo serio y riguroso, a la par que honesto con mis gustos y opiniones que podrán compartirse o no, pero que abren la puerta al debate respetuoso a través de vuestros comentarios y mis respuestas.

Además de proponerme mantener un ritmo de publicaciones constante, he querido realizar algunos cambios en el Blog en cuanto a aplicarle un nuevo diseño adaptativo para que mis lectores puedan seguirme desde su móvil o tableta. También he tratado de unificar el aspecto de los textos así como su estructura, labor que voy realizando poco a poco y que aún no está finalizada. Trataré, asimismo, de complementar mis comentarios con enlaces a trailers y otros vídeos en YouTube.

También iré completando las secciones de actores y fotogramas, y crearé una nueva donde trataré de recoger los distintos carteles y pósteres de las películas comentadas.

Está en proyecto una nueva sección que planteará Ciclos de Cine Bélico en la que propondré temáticas y títulos a visionar para comentar en una nueva plataforma aún en estudio, pero que podría ser Twitter.

Tengo tantas películas en espera para comentar que la lista sería muy extensa, pero mi intención es continuar con los distintos capítulos de Hermanos de sangre, para seguir con la magnífica Hijos del III Reich, Generation Kill, Pacific y otras películas como Águilas azules, Amanecer Zulú, Z Men, De aquí a la eternidad, En tierra hostil y otras muchas.

Espero no defraudar vuestras expectativas

Steiner 🙂

DAYS OF GLORY (Indigènes) – 2006

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Director: Rachid Bouchared

Segunda Guerra Mundial, 1943. El ejército francés recluta soldados entre los habitantes de sus colonias del norte de África; se trata de soldados musulmanes que se sienten franceses a pesar de no haber pisado nunca el suelo de Francia. Pero ahora la Patria les necesita para que den su vida luchando contra los nazis. Las diferencias culturales y las discriminaciones no tardarán en aparecer. Los “indígenas” del 7º Regimiento de Tiradores Argelinos lucharán en varios teatros de operaciones siempre en cabeza del ataque pero sin disfrutar de los permisos, del equipo, ni de la alimentación de sus compañeros de armas franceses.

El argumento se sustenta en la mirada de cuatro soldados argelinos y marroquíes: Saïd, Abdelkader, Messaoud y Yassir. Ellos se sienten franceses sin renunciar a su religión, a sus costumbres, ni a sus señas de identidad; pero ya que se juegan la vida igual que los demás, quieren recibir el mismo trato, la misma comida, las botas y los abrigos para la nieve, los ascensos y los permisos. En un momento de euforia, uno de ellos vivirá un romance con una francesa y tendrá la ilusión de que es igual que los franceses. Pero la realidad es otra: sus cartas son censuradas únicamente por tratarse de un indígena, no está bien visto que se relacione con una mujer francesa. El sargento de su pelotón (Martínez) mantiene en secreto que es árabe y se enfada mucho cuando uno de los argelinos que es su asistente le dice que lo sabe. Éste es un pecado imperdonable en el ejército francés.

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En el apartado interpretativo, los protagonistas, todos de origen norteafricano,  logran unas actuaciones estupendas y muy creíbles. No en vano los cinco protagonistas (Jamel Debbouze, Samy Nacéri, Roschdy Zem, Sami Bouajila y Bernard Blancan) obtuvieron en el Festival de Cannes el premio a la mejor interpretación masculina. Especialmente Jamel Debbouze en el papel de Saïd, a pesar de su minusvalía (tiene un brazo inútil). Asimismo Sami Bouajila como Abdelkader conforma un personaje muy completo y bien delimitado. El personaje algo más secundario de Bernard Blancan como el sargento Martínez juega un papel fundamental en la trama al mostrar la defensa de sus hombres ante el mando francés, más aún cuando se descubre que se trata de uno de ellos.

El cabo Abdelkader es un idealista que cree que puede ascender si se prepara; es el único del grupo con algo de formación y en todo momento intenta proteger a sus “hermanos”. Saïd es un bonachón analfabeto que se deja llevar, pero que sabe defenderse si se meten con él. Yassir y su hermano Larbi (Assaad Bouab) se han enrolado por el dinero para que éste último pueda casarse. Messaoud (Roschdy Zem) pasa de creer que puede integrarse en la sociedad francesa, a sufrir directamente la discriminación por ser árabe. En un momento de la película dirá: “aquí me respetan”, a lo que Saïd le contestará: “seguirás siendo un moro”.

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La fotografía algo desaturada, muy en la línea de cintas recientes desde la magistral Salvar al soldado Ryan, como Hermanos de sangre y Cartas desde Iwo Jima, le confiere una vistosidad especial, quizá más real. Y precisamente al introducir imágenes de paisajes en blanco y negro cada vez que se cambia de escenario, la transición a la historia que muestra la cinta se hace menos brusca.

La ambientación cabe calificarla de sobresaliente tanto por los escenarios de exterior como por el resto de atrezzo de armas y uniformes. Especial mención merecen los atuendos de los marroquíes como el de uno de los protagonistas, Yassir, que lucen chilaba rallada con capucha junto con las Thompsons americanas.

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Las escenas de acción también brillan con luz propia al utilizar los últimos avances en el campo de los efectos especiales. Vemos cómo los soldados tienen miedo en la lucha, se fatigan al correr y son sepultados por montones de tierra y cascotes que se desprenden de las explosiones.

La música tan sólo tiene dos o tres apariciones estelares con cánticos en árabe que nos recuerdan a la estupenda banda sonora de Black Hawk derribado.

Presenta algunas similitudes con Salvar al Soldado Ryan: la secuencia del cementerio plagado de tumbas de árabes en este caso, la misión final suicida que no contaré para no estropear el desenlace, y las dudas de los soldados sobre esta última misión incluído el amago de marcharse de uno de ellos (Yassir) tras la muerte de su hermano.

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Me ha gustado ver que se muestra sin rodeos la rapiña tras el combate y cómo al principio de la cinta se les advierte “se permite el saqueo para comer, pero a las mujeres ni tocarlas… porque seréis fusilados”. El aspecto religioso aparece discretamente salpicando algunos momentos de máxima tensión en que los protagonistas recitan “proclamo que no hay más Diós que Alá…”.

Además del premio ya citado obtuvo los siguientes: Festival de Cannes, premio a los valores humanos. Seminci, premio del público.

Lo peor. Quizá el excesivo descaro con que los mandos franceses burlan las expectativas de integración de los musulmanes. Es verdad que la película denuncia una situación injusta, que se ve muy bien plasmada en la secuencia en que los fotógrafos militares estás tomando una foto donde dirán: “Miren aquí: los soldados franceses liberan Alsacia”, posando con los civiles sólo hay soldados “blancos” franceses, mientras que detrás de la cámara desfilan chilabas y turbantes. Y el Coronel que hace poco prometió reconocimiento por la sangre derramada, ahora pasa de largo mirando para otro lado y haciendo oídos sordos ante las demandas de Abdelkader.

La frase. Al principio de la película el veterano sargento Martínez le dice al inexperto cabo Abdelkader: “Si algo va mal, encended un cigarrillo y antes de que prenda habrá pasado”. Y sobre todo el alegato de Abdelkader sobre la integración “y aunque tengamos que pagar cien veces más que ellos, pagaremos”.

Concluyendo diré que se trata de una magnífica película que me ha sorprendido, ya que pasó fugazmente por las pantallas españolas. Un argumento contundente, un ritmo bien llevado, buenas actuaciones, la ambientación y la fotografía en su punto y una historia para recordar, la convierten en una de las mejores películas bélicas de los últimos años. Imprescindible.

Sesenta años después, el que fuera cabo Abdelkader sigue malviviendo en un suburbio de una ciudad francesa…

LA PRESA (Southern Comfort) – 1.981

La presa

La presa

Director: Walter Hill

Louisiana (EE.UU.), 1.973. La Guardia Nacional se encuetra de maniobras. Un escuadrón compuesto por nueve hombres al mando de un sargento recibe la orden de salir de patrulla atravesando una zona pantanosa y de bosques en una marcha de 37 km. La últimas lluvias han modificado el aspecto del pantano siendo difícil guiarse por el mapa ya que hay muchas zonas inundadas. Se encuentran un campamento de cazadores desierto donde deciden tomar prestadas sus canoas para avanzar más deprisa. Mientras se alejan divisan a los cazadores que les observan desde la orilla y uno de los soldados bromea disparando la ametralladora con balas de fogueo. Los cazadores abaten al sargento y comienza una cacería en que las presas serán los bisoños soldados que sólo portan munición de fogueo.

La gran solidez argumental lleva de la mano al espectador sumergiéndolo en un ritmo trepidante de acontecimientos, provocados por el acoso constante de la cuadrilla de cazadores. La neblina de los pantanos de Lousiana, los sonidos de la ciénaga y el pánico de los aprendices de soldado transmiten un ambiente de inquietud permanente que parece no finalizar ni al terminar la cinta. El planteamiento argumental del grupo perdido, con la naturaleza como aliada del enemigo, y mezclando cine de suspense y bélico, se ha utilizado muchas veces posteriormente también con buenos resultados.

Otro cartel con el titulo original "Southern comfort"

Otro cartel con el título original

El reparto plagado de actores desconocidos o de segunda fila luce por encima de lo se podría esperar, y tanto Keith Carradine en una actuación bastante convincente, como Peter Coyote en uno más de sus eternos secundarios, consiguen una cinta vistosa y atractiva en que los personajes van evolucionando al ser desbordados por los acontecimientos.

La ambientación, sin grandes alardes tampoco requeridos, se presenta muy lograda tanto en los parajes en que se desarrolla la acción, como en el atrezzo militar que aparece en la película. Y, como ya se ha indicado, contribuye de forma importante al buen resultado general de la cinta.

Me ha gustado especialmente el clima de intranquilidad que logra crear a través de la ambientación y de la trama. También la forma en que muestra la América profunda de personajes extraños, siniestros y alejados de toda civilización.

Quizá el punto débil esté en que las relaciones entre los personajes no acaban de convencer y en ocasiones resultan forzadas.

Resumiendo, se trata de una buena película que logra meter al espectador en la acción desde los primeros momentos y aporta, además de los elementos ya mencionados de suspense y cine bélico, aspectos de thriller psicológico. Recomendable.

HERMANOS DE SANGRE – II. EL DÍA D (Day of days) – 2001

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Director: Richard Loncraine

La Compañía Easy del 506º Regimiento de Infantería Paracaidista ha embarcado en los aviones C-47 y se dirige hacia Normandía unas horas antes de la invasión. Son recibidos por el fuego antiaéreo alemán y los que consiguen saltar se encuentran perdidos, desperdigados y lejos de sus zonas de lanzamiento. Se van reuniendo pequeños grupos que van dando golpes de mano hasta que llegan al punto de reunión. Una vez allí, el Teniente Winters tendrá que asumir el mando de la Compañía al no aparecer el Teniente Meehan; la Easy recibirá la orden de silenciar unos cañones que baten la playa de Utah desde un lugar llamado Brecourt Manor.

En este capítulo vemos escenas dentro de los aviones durante el viaje hacia lo desconocido: nervios, rezos, mareos, etc. El momento en que reciben el ataque de los antiaéreos alemanes nos brinda espectaculares secuencias de aviones explotando, saltos de los paracaidistas antes de que se encienda la luz verde y aviones ardiendo por dentro como pocas veces se ha mostrado hasta ahora. Y otro aspecto poco visto hasta el momento: los pilotos de los C-47 con sus dudas, sus temores y sus nervios al ser atacados y sentirse responsables de la carga humana que llevan detrás; y además muriendo.

También llama la atención que se muestre que la mayoría de las bolsas de pierna de los paracaidistas se soltaron en el salto perdiéndose todo el material, equipos y armas o municiones que llevaran, como ocurrió en realidad.

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Sin duda la mejor escena del capítulo, y una de las mejores de toda la serie, es la final: el asalto a la posición de la artillería alemana en Breourt Manor. Se trata de una escena larga, con un buen ritmo mantenido, cargada de emoción y con unas secuencias de combate estupendamente rodadas.

La ambientación es más que correcta y aparece especialmente cuidada: escenarios, uniformes, armamento, vehículos y demás atrezzo consiguen transportarnos hasta 1944. Los efectos especiales tampoco defraudan y se nota que están a la última y en la línea de producciones de la época como Salvar al soldado Ryan que marcó un antes y un después no sólo en este apartado. Toda la serie mantiene este nivel por lo que omitiré este apartado en los comentarios de los siguientes capítulos.

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Lo que más me ha gustado es el buen tono general del capítulo, cómo cuenta el día D desde el punto de vista de un grupo de paracaidistas, dispersos, perdidos y desorientados. Y la ya mencionada magnífica escena final del asalto a Brecourt Manor.

Lo que menos me ha gustado, casi nada. Quizá el enfrentamiento tan poco convincente entre Guarnere y Winters. También hay dos pequeños fallos: cuando atacan al grupo alemán del viaducto, Lipton le entrega un fusil alemán a Winters que ha perdido el suyo en el salto. Únicamente le da el fusil y no le entrega ni un cartucho de munición además de las cinco balas que puede tener como máximo el Kar 98. El segundo fallo es cuando Winters introduce la granada alemana por la boca del cañón para inutilizarlo en que se ve claramanete que se le escapa sin poder tirar bien del cordón de activación. También, dentro de tanto realismo, no parece muy creíble que hasta en dos ocasiones estalle una granada de mano tan cerca de un soldado y no sufra ni un rasguño.

La frase. Al final, después del asalto a los cañones, Winters conversa con Nixon: “Hoy he perdido un hombre … ha caído en Brecourt … no ha llegado a cumplir los veinte …”.

Concluyendo, se trata de un buen capítulo de una serie excepcional.

MURIERON CON LAS BOTAS PUESTAS (They Died with Their Boots On) – 1941

Director: Raoul Walsh

Estados Unidos de América, entre 1860 y 1876. El jóven Custer llega a la Academia militar de West Point donde se revela como un indisciplinado y mal estudiante. Allí conocerá a Beth y se enamorarán. Antes de graduarse como teniente comienza la Guerra de Secesión americana y ante la falta de oficiales es enviado al frente donde destaca por sus dotes de mando y sentido estratégico. Por error es nombrado General y, antes de que pueda ser revocada la orden, participa con gran éxito en varias batallas por lo que se le mantiene en el cargo. Al terminar la guerra se casa y la vida civil lo lleva al aburrimiento y al alcohol de donde es rescatado para organizar un nuevo Regimiento de caballería en la frontera con los Sioux. Tras algún tiempo consigue la paz con los indios habiendo logrado un Regimiento disciplinado y eficaz. Los intereses comerciales de una Compañía harán que lleguen muchos colonos a las colinas negras, territorio de los Sioux, rompiéndose el Tratado y comenzando una guerra que ningún bando quiere.

Se trata de una película rodada medio en clave de comedia, muy del gusto de los primeros años cuarenta. El argumento se sustenta sobre la biografía de George Armstrong Custer, magníficamente interpretado por Errol Flynn, si bien no se llega a profundizar en el personaje. Olivia de Havilland en el papel de Beth, la esposa de Custer, está en la línea de otras actuaciones de la época en que su personaje de chica guapa de buena familia y amante de su esposo no le permite un mayor lucimiento. Sí cabe destacar la actuación de Arthur Kennedy como Stuart, el enemigo de Custer desde la Academia, pasando por la guerra y terminando en el fuerte del 7º de Caballería. Logra una actuación muy convincente, sobre todo cuando muestra el enorme miedo o respeto a Custer en las escenas de la cantina. Por último mencionar a Anthony Quinn en el papel de Caballo Loco, el jefe de los Sioux, que hace poco más que un cameo.

La película presenta unas tomas espectaculares de los desplazamientos de la tropa y de los indios, con unos movimientos de cámara poco vistos hasta el momento e incluso hasta mucho después. La fotografía en Blanco y Negro es magnífica ayudando a conseguir un film épico que ha envejecido con gran dignidad, aspecto que se ve reforzado por una ambientación sobresaliente, si bien algunos efectos especiales están poco acertados: véanse los rellenos en los cuerpos que reciben flechas.

Las escenas de acción están correctamente rodadas aunque son flojas y no desentonan del aire del resto de la película utilizando las muertes dulces a que estamos acostumbrados en las cintas de la época.

El Coronel Custer da la orden de perseguir a los Sioux en Little big Horne dirigiéndose hacia una emboscada

Cabe apuntar que esta película no persigue un realismo a ultranza como sería exigible a otras grabaciones; me refiero a que algunas escenas son poco creíbles porque no se ha buscado su credibilidad en beneficio del conjunto. Véase la secuencia en que Custer captura a Caballo Loco y éste no mueve un músculo para defenderse; o la de la huída del jefe indio; y algunas otras como cuando Custer se cuela hasta en el Despacho del Presidente de los Estados Unidos. Estas escenas hay que interpretarlas dentro del tono irregular de semicomedia que tiene el film.

En lo referente al género es cierto que podría catalogarse de Western, aunque presenta ingredientes de otros muchos, siendo el predominante el que nos ocupa en este Blog.

Cabe destacar la inolvidable banda sonora de Max Steiner con su tema insignia Garry Owen sin desmerecer los demás temas épicos e indios.

Lo mejor. Me ha gustado la actuación de Flynn por la simpatía del personaje a pesar de su superficialidad. También la banda sonora y la estupenda fotografía.

Lo peor. La película presenta varias caídas de ritmo que, sin llegar a hacerla pesada, pueden distraer al espectador.

En resumen, se trata de una película inolvidable que por su épica puesta en escena, sus limpias imágenes en blanco y negro, y la magnífica marcha musical ha conseguido llegar a nuestros días manteniendo el tipo. Hay que verla.

EL PUENTE (Die Brücke) – 1.959

Director: Bernhard Wicki

Un pequeño pueblo alemán, finales de abril de 1.945. Un grupo de adolescentes de 17 años es llamado a filas. La misma noche de su incorporación su batallón es enviado a tapar una brecha por la que penetran los americanos. Los siete chicos son dejados en la retaguardia mandados por un veterano sargento con la excusa de defender el puente de su pueblo. El puente no tiene ningún valor estratégico ya que los aliados han establecido una cabeza de puente en otro lugar y, además, va a ser volado por los alemanes. En un altercado con la policía militar el sargento resulta muerto y los chicos se encuentran solos. Lucharán y se sacrificarán valiente e inútilmente para defender el puente.

El argumento presenta una solidez exquisita. En la primera parte de la película se nos presenta a los personajes en su vida cotidiana marcada por la guerra. Se aprecian las distintas procedencias sociales de los chicos así como su diferente manera de afrontar la situación cuando son llamados a filas. Todos ellos se muestran deseosos y excitados ante la posibilidad de defender su patria. La segunda parte de la película empieza con su llegada al cuartel donde comprobamos su inexperiencia en todo lo relacionado con la milicia. La movilización del Batallón los pillará por sorpresa en su primera noche como soldados. El capitán de su compañía, por sugerencia del profesor de los chicos, solicita al Comandante dejarlos en la retaguardia a defender el puente del pueblo, cerca de sus casas. Los pone al mando de un veterano sargento que tiene orden de no exponerlos. Pero los acontecimientos acaban por precipitarse terminando en tragedia.

Las escenas finales de la defensa del puente son magníficas en varios aspectos: en primer lugar porque las tomas están realizadas desde el lado alemán, desde sus trincheras o desde muy cerca de ellas. También me ha gustado el realismo de las reacciones de los chicos: miedo, valor, desesperación al ver caer a sus compañeros. Y las secuencias de acción, los disparos, las explosiones y demás efectos son notables para la edad de la cinta. La única toma desde el lado americano es la del francotirador que abate al chico de la atalaya del árbol; por cierto, con un magnífico efecto de mostrar reflejada en la mira la imagen del chico.

Las interpretaciones están más que correctas tanto en los personajes principales como en los secundarios. Todos los chicos interpretan perfectamente sus papeles cuando están con pantalón corto y después  cuando visten el uniforme. El sargento, el capitán, el profesor, las madres, todos logran un realismo que nos recuerda al Neorrealismo italiano.

La ambientación es suficiente teniendo en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto realizada pocos años después de haber sido arrasado el país por la guerra. El único fallo que he detectado son los presuntos Shermans que son demasiado anchos y bajos para el perfil que se pretende. El hecho de estar rodada en blanco y negro le confiere un toque de realismo más que se suma a todo lo anterior.

Los Shermans de "perfil bajo"...

Los Shermans que aparecen en el film

Me ha gustado la película en general aunque especialmente las escenas del combate final. Están muy bien rodadas y mantienen estupendamente la tensión dramática.

El punto flojo quizá sea la escasa preocupación que muestra la población alemana ante su inminente derrota. La escena de la estación en que el empleado llama para averiguar si el bombardeo afecta a una de sus líneas creo que podría sobrar salvo por la secuencia de la historia de amor de los chicos.

Las frases. En la magnífica escena en que el profesor acude a pedir al capitán de la compañía de los chicos que no los exponga, éste último dice: “He estado hablando con esos muchachos; tienen un ideal, piensan que han venido a luchar por el triunfo de ese ideal: quieren salvar a la Patria. Lo que usted les ha enseñado…”. Cuando están haciendo instrucción en el patio del cuartel, el sargento instructor se dirige al sargento de su grupo: “Hay que enseñarles a no retroceder nunca, ¿a quién se le ha ocurrido eso?”.

Se trata de una gran película, con un argumento sólido que se expone con vigor narrativo, manteniendo el ritmo que se acelera en el último tercio de la cinta. Una de las grandes. Imprescindible.